Investigación

Le ofrecieron US$25.000 por una historia: la lección de límites que le falta al celular en el aula

Belu Lucius rechazó ofertas de hasta US$25.000 por publicitar casas de apuestas. Por qué su lógica de "no absoluto" es la misma que necesitan los colegios para el celular en el aula.

Le ofrecieron US$25.000 por una historia: la lección de límites que le falta al celular en el aula

Esta semana se viralizó un clip de la influencer Belu Lucius contando que rechazó propuestas de hasta US$25.000 por publicitar casas de apuestas en sus redes. No aceptó ni cuando le ofrecieron poner ella misma el monto. La frase que lo resume: "es un no absoluto".

La historia generó miles de comentarios por lo insólito de la cifra. Pero para cualquiera que gestione un colegio hoy, tiene una segunda lectura: expone exactamente el mecanismo por el que las casas de apuestas llegan a los adolescentes — y por qué ese mecanismo entra al aula todos los días, en el bolsillo de cada alumno.

El caso: por qué le pagaban tanto por una sola historia

En una entrevista para el podcast empre.ar, Lucius explicó que las propuestas de casas de apuestas están entre las mejor pagas del mercado de influencers. Fue tajante: "Yo no te hago nada con el juego. Estoy completamente en contra", dijo, y aclaró que no aceptaría la propuesta aunque le ofrecieran más dinero.

Lo notable no es el monto. Es que lo haya convertido en una regla fija — no en una evaluación caso por caso.

Por qué las apuestas online pagan fortunas por llegar al celular de un adolescente

No es casualidad que las casas de apuestas inviertan tan agresivamente en influencers. Según el Ministerio de Justicia de la Nación, la publicidad de juego online se apoya en equipos de fútbol, youtubers, tiktokers, celebridades e influencers que promocionan las apuestas, combinada con libre acceso: alcanza con entrar a la página o descargar la aplicación, cargar los datos y un medio de pago.

Esa combinación — publicidad en redes + acceso inmediato desde una app — convierte al celular en la puerta de entrada. No hace falta que un adolescente busque una casa de apuestas: el algoritmo se la muestra, un influencer la recomienda, y el pago sale desde el mismo dispositivo.

El dato que preocupa a los legisladores: en julio de 2026, diputados bonaerenses presentaron un proyecto para prohibir que las plataformas de apuestas contraten influencers, streamers y deportistas para publicitarse, con el objetivo de evitar la participación de influencers y deportistas en contenidos que pueden afectar a menores de edad. Otro proyecto en danza pone el foco en salud mental, en medio de la preocupación por el avance exponencial del juego problemático en niños y adolescentes. A nivel nacional, el Gobierno envió al Senado un proyecto que directamente prohíbe toda publicidad, promoción y patrocinio del juego online, incluyendo publicidad con influencers, y busca impedir el acceso de menores a estas plataformas.

En criollo: el Estado todavía está discutiendo cómo filtrar esto. Mientras tanto, el contenido sigue llegando — y llega por el mismo canal que un colegio no controla: el celular personal del alumno, dentro del aula.

La lección de Belu Lucius no es sobre plata. Es sobre estructura.

Acá está el punto que conecta esta historia con la gestión de un colegio.

Lucius no evaluó cada propuesta de apuestas por separado. No dijo "depende de la marca" o "depende del monto". Fijó una regla fija, previa a cualquier oferta, y dejó de tener que decidir cada vez.

Es la misma lógica que separa a los colegios que sostienen una política de celulares de los que la pierden mes a mes: la diferencia no es cuánta buena voluntad tiene cada docente, sino si existe una regla estructural que no depende de evaluar caso por caso, alumno por alumno, hora por hora.

La diferencia clave: un docente que decide "hoy dejo pasar el celular" está haciendo lo mismo que un influencer que evalúa cada oferta de apuestas por su monto. Un sistema que no depende de esa decisión — una funda que se cierra al ingresar y se abre recién a la salida — es lo que convierte el límite en regla, no en negociación diaria.

Qué puede controlar un colegio, y qué no

Ningún colegio puede impedir que una casa de apuestas le pague a un influencer, ni que el algoritmo de Instagram o TikTok le muestre esa publicidad a un alumno de 15 años. Eso excede a la institución — y, como muestran los proyectos legislativos en danza, todavía excede también a la ley.

Lo que un colegio sí puede controlar es mucho más simple: si ese contenido puede llegar durante las cinco o seis horas de jornada escolar.

Un sistema de fundas magnéticas no filtra qué publicidad recibe un alumno. Hace algo más contundente: vuelve irrelevante esa pregunta durante el horario de clase, porque el teléfono —con su algoritmo, sus notificaciones y sus casas de apuestas— simplemente no está disponible.

No todo lo que paga bien vale la pena que llegue al bolsillo de un alumno en horario de clase.

Belu Lucius puso un límite fijo porque entendió que su audiencia vale más que una cifra puntual. Un colegio puede aplicar el mismo criterio con el celular: no se trata de juzgar cada contenido que llega, sino de decidir, de una vez, cuándo ese dispositivo tiene lugar en el aula.

Preguntas frecuentes

¿Un colegio puede controlar qué publicidad de apuestas ve un alumno en su celular? No de forma directa. La publicidad de juego online se distribuye por redes sociales y algoritmos que la institución no gestiona. Lo que sí puede controlar un colegio es el acceso al dispositivo durante la jornada escolar, que es el canal por el que ese contenido llega.

¿Existe una ley en Argentina que prohíba la publicidad de apuestas dirigida a menores? Hay proyectos en danza a nivel provincial (Buenos Aires) y nacional para prohibir que influencers y deportistas promocionen plataformas de apuestas, además de restringir el acceso de menores a estos sitios. A la fecha, ninguno está sancionado como ley nacional unificada — el esquema sigue siendo provincial y parcial.

¿Cómo se relaciona esto con la Ley 15.534? La Ley 15.534 restringe el uso del celular en establecimientos educativos bonaerenses durante la jornada escolar, sin distinguir el tipo de contenido. Un sistema estructural como NOUFON cumple esa restricción de forma automática, sin necesidad de que la institución evalúe qué contenido específico está llegando a cada alumno.

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